“Catalunya xarxa de ciutats” un libro sobre Pasqual Maragall y el municipalismo

Recientemente se ha publicado el resultado de la investigación que llevé a cabo sobre Pasqual Maragall para la Fundació Catalunya Europa: Catalunya xarxa de ciutats: el municipalisme de Pasqual Maragall i el seu impacte en la governança de Catalunya (Cataluña red de ciudades: el municipalismo de Pasqual Maragall y su impacto en la gobernanza de Cataluña).  Bajo este título farragoso hay una investigación que trata de demostrar varias cosas que me parecía interesante destacar en este blog y que tienen que ver con los estudios urbanos, con el papel de los municipios y con los debates sobre la reorganización territorial o incluso la forma en la que los partidos se organizan territorialmente. La clave del asunto reside en el papel que el municipalismo juega en el pensamiento progresista en España y como eso se plasma de forma específica en Cataluña. Resumo los principales hallazgos en tres puntos.

1. El municipalismo está en la base del pensamiento progresista

Desde que Pi i Margall pusiera las bases del pensamiento progresista en España con sus escritos sobre el federalismo a mediados de siglo XIX,el municipalismo se situó en la base del federalismo y en la forma de materializar los principios de fraternidad. Como este municipalismo se concretaba luego diferiría en las diferentes corrientes del republicanismo, así como en el socialismo y el anarquismo, generando a veces proyectos distintos e irrenconciliables.

Pi i Margall situa la soberanía en el individuo y no en la nación (1854). Partiendo de esta máxima, la única forma de desarrollar una soberanía colectiva es a través del pacto social. Los individuos pactan entre sí formando comunidades que se agrupan en municipios. A la vez, estos se federan en regiones y estas a su vez dan lugar a una forma de federación a escala nacional. Es el llamado pacto sinalagmático. Pi i Margall, sin embargo, da importancia al municipio como la base de este pacto, hasta el punto que sugiere que debe mantener poder ejecutivo, legislativo y judicial propios: “la ciudad es la sociedad política por excelencia y no se resigna jamás a ser esclava”.

La radicalidad de este planteamiento es que las comunidades surgen del pacto social entre individuos y no de una realidad órganica que les supera. Así, el pensamiento de Margall pone freno a los nacionalismos organicistas, cosa que en Cataluña llevará a una crisis y una escisión del movimiento federalista, que acabará dividido entre federalistas diferenciales y federalistas unitarios. Los primeros buscan hacer encajar los principios federalistas de Pi i Margall con el naciente nacionalismo catalán. Valentí Almirall, seguidor de Margall, admite la existencia de pueblos soberanos e intenta combinar ambas cosas. Rovira i Virgili hará un esfuerzo parecido desde posiciones más progresistas. En el otro extremo, los federalistas unitarios seguirán defendiendo el federalismo municipalista basado en el pacto social de Margall. Es el gérmen del Partido Radical Republicano de Lerroux.

No hace falta decir que los principios federalistas y municipalistas están presentes también en el anarcosindicalismo de la CNT, que de hecho propone la federación de comunas libres como alternativa al estado. También lo está en el principal partido socialista, el PSOE, que se organiza internamente en clave federal (unitaria). También el PSOE sufrirá una crisis interna en Cataluña con el surgimiento de partidos socialistas que acabarán integrándose o bien en el PSUC o bien en ERC.

2. Hay un antiguo conflicto entre municipalismo y nacionalismo catalán

O (para ser menos polémico) entre una parte del nacionalismo y el municipalismo progresista. Tal y como ha explicado Oriol Nel·lo, la burguesía industrial del siglo XIX tiene una doble mirada sobre Barcelona: como la capital de la Cataluña industrial, como la gran ciudad que es el escaparate de sus logros como clase, y como el foco de una amenaza doble que se cierne sobre Cataluña: la amenaza de la revolución social y la amenaza de la “desnaturalización” del país por la llegada de población inmigrante. Después de la Semana Trágica de 1909 habrá una voluntad explícita por parte de algunos de “dispersar” la ciudad para borrar una amenaza que se ha hecho explícita con el alzamiento revolucionario. Este visión la heredará Pujol, que considera que unas ciudades fuertes hacen una Cataluña débil, y reclamará un poder en la Generalitat fuerte para “equilibrar” el país.

3. Maragall propone un proyecto municipalista de carácter progresista (pero liberal)

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Pasqual Maragall

Tanto desde la alcaldía como desde el gobierno de la Generalitat en el periodo 2003-2006, Pasqual Maragall propone una agenda descentralizadora que de más competencias a los municipios, en aplicación del principio de subsidiariedad.Desde el ayuntamiento, reclama más poder para el Área Metropolitana de Barcelona, partiendo del concocimiento de las realidades urbanas metropolitanas y el peligro que puede entablar la segregación urbana.

Una vez en el gobierno de la Generalitat, pone en marcha una agenda de reformas para revertir el modelo centralista de Pujol que queda muy incompleta por la caída del gobierno. Esta agenda incluye, entre otras:

  • Traslado de las políticas activas de ocupación a los municipios y facilitación de mecanismos de consorcio y mancomunación de servicios entre municipios en esta área
  • Creación de los gobiernos territoriales de salud donde los municipios están representados
  • Mejora de la dotación económica de los municipios
  • Establecimiento de planes territoriales de ordenación que dan a los municipios un papel central
  • Establecimiento en el nuevo estatuto que no solo quiere redefinir el papel de Cataluña dentro de España sino que también redefine el papel de los municipios en Cataluña.

Pese a tener un proyecto liberal (nunca escondió sus simpatías por Blair) Maragall tenía una conexión más que simbólica con la izquierda histórica en Cataluña, y asumía parte de sus postulados. Es por esta razón que Maragall puede afirmar en su discurso de investidura:

Nos reconocemos en la tradición federalista de Pi – de Pi i Margall-, en el liberalismo democrático de Almirall, en el catalanismo ciudadano de Gabriel Alomar, en el socialismo humanista de Rafael Campalans, en el federalismo nacional de Antoni Rovira i Virgili. Nos reconocemos en el espírituy la obra de los presidentes Macià y Companys, en al fidelidad del presidente Irla y en la tenacidad y clarividencia del presidente que nos devolvió la institución, Josep Tarradellas. No está mal, la huella de las izquierdas en la historia del catalanismo! Hacemos nuestras, quiero decir que asumimos y compartimos, las tradiciones políticas de ERC, de la Unión Socialista de Catalunya, del Bloc Obrer i Camperol del Partit Socialista Unificat de Catalunya, del sindicalismo libertario.

Para saber más os podéis descargar el libro en el siguiente enlace (eso si, está en catalán)

Catalunya Xarxa de Ciutats

 

 

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