Cambios en la gobernanza global y auge de los independentismos

Cartel de CiU: "La España subsidiada vive a costa de la Cataluña productiva". En este post voy a intentar encuadrar el auge del independentismo catalán en el contexto global. Lo haré siguiendo una aproximación materialista, así que no esperen encontrar debates sobre el ‘derecho a decidir’. Solo argumento sobre las causas materiales que han hecho crecer el proceso.

Los que nos dedicamos a estudiar la gobernanza hemos visto como la globalización lleva parejos dos procesos paralelos: uno de internacionalización y creación de entidades supranacionales y el otro de descentralización y una creciente importancia de los territorios subnacionales. Este proceso ha transformado el estado nacional como tal, que ha delegado competencias por arriba y por abajo. Estos procesos de descentralización, no han sido solo políticos sino sobretodo de carácter económico, con el crecimiento de unas zonas ricas y la caída en picado de otras zonas, antaño líderes del crecimiento industrial. La transformación del estado ha conllevado el aumento de la competencia entre territorios y el fin o debilitamiento de las políticas redistributivas dentro del estado en el marco de la creencia económica keynesiana, que  partía de dar igualdad de oportunidades territoriales en lo económico, desincentivando la localización de empresas en las ciudades más ricas y fomentando a través de políticas fiscales, entre otras, la localización en ciudades menos desarrolladas. La globalización ha conllevado el auge de algunas ciudades y la caída de otras, con la consiguiente creación de una jerarquía global de ciudades, a la cúspide de la cual encontramos las grandes ciudades globales que describiera Saskia Sassen.

En esta situación, los territorios más ricos han ido demandando mayor autonomía de los estados, oponiéndose a contribuir a las políticas redistributivas de cohesión territorial. Este proceso está teniendo lugar en mayor o menor medida en todos los países y a distintas escalas y se ha exacerbado con la crisis económica durante la cual los territorios mejor posicionados han empezado a desarrollar políticas de protección ante la crisis y la necesidad de aumentar el gasto social.

Por poner tres ejemplos: en París, los municipios ricos, con la ciudad de París a la cabeza, se han negado a crear un sistema redistributivo dentro del área metropolitana; en Catalunya se ha generalizado la visión de que existe un expolio fiscal por parte del gobierno central y que Catalunya tiene que recibir tanto como aporta; y ya a escala europea los países del norte se muestran recelosos del gasto excesivo de los países del sur. En estos tres ejemplos encontramos una visión extendida entre gran parte de la sociedad (Parisina, Catalana, Alemana) de que los territorios más ricos se tienen que desentender de las políticas de cohesión territorial, y que estas ya no son deseables. O no lo son más allá de la jurisdicción propia. La alcaldesa de París, la socialista Anne Hidalgo, justificó la negativa a una redistribución fiscal más grande dentro de la región metropolitana por la necesidad de seguir financiando políticas sociales dentro de la ciudad de París. La justificación fue necesaria porque su posición significaba ponerse en contra al resto de alcaldes socialistas de la región y a buena parte del electorado tradicional del partido socialista en los bainleus de la Ille-de-France. El mapa de abajo muestra las desigualdades entre municipios en términos salariales.

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Distribución de los ingresos salariales en los distintos municipios de la región metropolitana de París (París dividido en distritos), 2013

La presentación de esta situación a tres escalas distintas sirve para ir al meollo del asunto. La riqueza no se distribuye equitativamente dentro de la región de la Ille-de-France. Tampoco lo hace en el conjunto de España ni en el conjunto de Europa. Y esta distribución desigual depende básicamente de la localización territorial de la riqueza y de como se concentra en determinadas áreas. La pregunta es: donde fijar el límite? Barcelona puede negarse en algún momento a “seguir manteniendo” al resto de Catalunya. Incluso el distrito de Sarrià-Sant Gervasi puede pedir la independencia de Barcelona harto de sufragar las políticas sociales del conjunto de la ciudad, como de hecho algunos de sus ciudadanos ya promovieron. Claro que se puede poner la cuestión justo en la otra dirección: hasta donde hay que ser solidarios? Debería Catalunya recibir compensaciones de la región metropolitana más rica de Europa, es decir, Ille-de-France? Este planteamiento nos lleva a una segunda cuestión que no podemos afrontar si seguimos analizando la cuestión desde la dicotomía territorios ricos-territorios pobres.

Y es que la distribución desigual territorial no se debe al azar o al mérito de unos sobre otros sino a un entramado económico-político (capitalismo, ahora financiero) que garantiza esta distribución desigual entre clases y territorios. Por lo tanto la redistribución no debería ser solo territorial sino entre clases (que además se distribuyen desigualmente entre los territorios). Si lo miramos a escala global, las grandes ciudades globales (New York, Tokio, Londres, Paris) son las que concentran mayor riqueza, si bien acumulan también grandes desigualdades sociales, como ya hemos visto en el caso de París. A esta concentración territorial de la riqueza hay que sumarle, además, los flujos financieros internacionales y una élite, el famoso 1 por ciento, que mueve sus capitales fuera de los circuitos formales. Por esta razón, allí donde se concentra el poder económico aparece también la utilización mezquina de los argumentos sobre el expolio fiscal por parte de los que más tienen. En el norte de Italia, en Alemania, y también en Catalunya (aunque los tres casos son enormemente distintos entre sí).

Dicho de otro modo, la riqueza de Catalunya está concentrada en pocas manos, y lo que hay que discutir es como redistribuimos esa riqueza. No podemos esperar que este debate lo abran los que más tienen. En Catalunya, para evitar ser señalados con el dedo, los miembros de la élite, descendientes de la burguesía que industrializó el país y pacto con el diablo (Franco) para mantenerse en el poder, nos recuerdan constantemente que el gobierno central da mucho menos de lo que recibe. Lo hacen a través de diferentes mecanismos como la infame campaña “L’Espanya subsidiada viu a costa de la Catalunya productiva” que lanzó Converegència i Unió en 2013, estando en el gobierno. La realidad es que el gran conjunto de ciudadanos de Catalunya les sostenemos a ellos, a ese par de centenares de familias que son la clase extractiva de este país y que lo gobiernan formal e informalmente controlando gobiernos y consejos de administración. Les sostenemos a través del robo que perpetran también formal e informalmente: a través de un expolio fiscal a las clases trabajadoras vía IRPF y a través de las prácticas generalizadas de corrupción a través de las que engrosan las arcas de sus empresas con contratos inexistentes, por ejemplo en la sanidad.

Si asumimos que este movimiento no es tutelado desde arriba por Artur Mas, es inquietante que muchos ciudadanos estén dispuestos a movilizarse por la independencia de Catalunya sin plantearse siquiera cambiar las relaciones de poder internas. También lo es que muchos de los que dicen querer cambiar dichas relaciones de poder argumenten que para hacerlo hay que sumarse alegremente al proceso liderado políticamente por Mas firmando pactos con la oligarquía y participando de las puestas de largo de un movimiento tan conservador (en el sentido estricto del término, conservar el poder y el status quo por parte de la élite territorial, o que todo cambie para que todo siga igual). Y ahí la gran victoria de la élite, confundir a la izquierda ofreciendo un proceso democrático al que no se pueden oponer por estar en su ADN. No es que esté mal un proceso democrático en sí, es que para hacerlo con tales compañeros de viaje, igual no valía la pena embarcarse. Habría que recordar una cita de un socialista e independentista irlandés, al que no hicieron caso (y así les ha ido):

If you remove the English army tomorrow and hoist the green flag over Dublin Castle, unless you set about the organization of the Socialist Republic your efforts would be in vain.

James Conolly (1868-1916)

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